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GRACIELA DANERI / Diario Litoral Exportar Ingeniería en vez de ingenieros Terminar, al menos en parte, con el drenaje de profesionales; apuntar a la exportación de ingeniería, no de ingenieros, es la consigna compartida de los Ings. Ricardo Scholtus (decano de la UTN-Santa Fe) y Alberto Luis Groppelli, de Sigma Argentina, al definir el propósito de esta empresa de proyectarse al mundo. En busca de otros horizontes Alberto Luis Groppelli, tras egresar de la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional como ingeniero electricista, partió, como lo hacen tantos otros jóvenes profesionales argentinos, en busca de un futuro más promisorio. Y recaló en Treviso (Italia), donde vivió entre el '89 y el '99. ‘‘Allí me desarrollé profesionalmente y trabajé para dos grandes empresas, participando de importantes proyectos, como el de construcción del telescopio más grande del mundo''. Comenzó como electricista, para llegar a ocupar el cargo de proyectista electromecánico. Luego pasó a una importante firma de Treviso como ingeniero de procesos y posteriormente se convirtió en jefe del departamento de automatización y control de procesos. Tuvo así bajo su responsabilidad la conducción del proyecto de decenas de plantas industriales instaladas en diversas partes del mundo. A pesar de la más que interesante trayectoria profesional que estaba concretando, Groppelli sentía nostalgias de su país. Y se decidió a retornar. Pero no lo hizo con las manos vacías, sino que ellas venían llenas de alentadores proyectos y con fuertes relaciones establecidas con empresas del norte de Italia. Y esos proyectos los concretó: con su gran bagaje de experiencia y conocimientos madurados en Europa, se vino a su Santa Fe natal y aquí creó una empresa de ingeniería dedicada a la preparación de proyectos de automatización, robótica y software aplicados para plantas industriales en todo el mundo. ‘‘Desde los comienzos, el decano de la UTN, Ing. Scholtus, me brindó todo su apoyo'', apunta. No fue en vano. Hoy la empresa de Groppelli tiene proyección internacional. Recientemente ha sido renominada como Sigma Automation Argentina, en función de un contrato de colaboración firmado con la empresa italiana Sigma Automation SRL, de Treviso, de la cual la firma santafesina es filial. Proyectándose al mundo Así, esta empresa santafesina, a través del proveedor italiano, ha participado en los últimos tiempos, con sus propios ingenieros (argentinos, por supuesto, para que no tengan que irse del país), de los numerosos proyectos de automatización industrial que este pool llevó a cabo: dos para una multinacional del tabaco, uno en Polonia y otro en Suiza; otros dos en Copenhague y Oslo; una planta geotextil de fabricación italiana en Kansas (EE.UU.) y actualmente se encuentra desarrollando en Europa la programación de PLC y robots antropomórficos de última generación para dos nuevas plantas de una multinacional líder en el sector de gaseosas. ‘‘Todo esto lo están haciendo los ingenieros santafesinos de mi empresa —insiste Groppelli—, y lo hemos logrado porque nosotros ofrecemos la misma tecnología que nuestras similares europeas. Y estamos siendo reconocidos''. Los ingenieros que actualmente trabajan con Sigma Argentina son Mariano Galizzi, Pablo Giancarelli y el analista programador Miguel Angel Vera, todos egresados de la Facultad Regional Santa Fe de la UTN. Y es aquí justamente cuando Groppelli y Scholtus definen el objetivo principal: ‘‘Esta empresa quiere exportar ingeniería, no ingenieros''. Una meta: exportar ‘‘La idea es formar un team de ingenieros especializados para poder traer a Santa Fe una gran parte del desarrollo del software del proyecto de automatización y después salir al exterior para asistir a su instalación. Aspiramos también a ser una importante referencia para las empresas europeas que instalen plantas llave en mano en Sudamérica''. La alianza con la Sigma italiana es realmente estratégica, ‘‘pues nos permite penetrar en el mercado italiano de proveedores de plantas llave en mano y por medio de éstos al mercado mundial de la automatización de alto nivel''.
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Además, la interrelación con la Sigma Automation Italia ‘‘permite el desarrollo profesional de nuestros ingenieros y al mismo tiempo posibilita estar en contacto con la tecnología utilizada por las empresas europeas. Esta firma italiana tiene 15 años de experiencia en el sector y ha realizado proyectos, entre tantos otros, para las industrias lechera, geotextil, plástica, química, de bebidas, embalaje, papelera, etc. ‘‘Por su parte, la firma italiana se beneficia con la buena preparación de nuestros ingenieros, que están demostrando, a la luz de los acontecimientos, estar altamente calificados y ser competentes. Tenemos grandes expectativas de crecimiento y por eso estamos actualmente formando nuevos profesionales''. Para ello cuenta con el apoyo de la UTN, con la que la empresa desarrollará cursos de automatización industrial —tal como se hizo el año pasado—, con el objetivo de continuar seleccionando a los mejores recursos humanos. ‘‘Esos cursos —finaliza Groppelli— dieron buenos resultados y demuestran cómo la universidad interactúa en forma eficiente con la actividad privada, para el bien de ambas''. Tanto Scholtus como Groppelli convocan a los ingenieros informáticos, electrónicos y electricistas que quieran participar de este proyecto a que se contacten a través de la página web: sigmaautomation.com.
Para que no se vayan del Pais ‘‘Nosotros estamos exportando materia prima de muy bajo valor, que nos consume los recursos naturales y, hasta a veces, contamina —se lamenta Scholtus—; pero la transformación y el valor agregado, que son los que dan empleo, se realizan afuera. Por ejemplo, exportamos troncos de eucaliptus en los que todo el valor agregado es sólo servicio de transporte para llegar a Finlandia, que es donde hacen la pasta de celulosa. Hay muchísimos ejemplos de este tipo de exportaciones, que nos benefician poco o nada. Y la peor de todas es la exportación de ingenieros. ‘‘Sabemos de las penurias que tenemos las universidades y cuánto nos cuesta formar un profesional —reflexiona el decano —; pero resulta que una vez que están preparados, como aquí no pueden encontrar trabajo, se van a desempeñar al exterior. Es una situación seria, que tiende a agravarse. En estos momentos, debido a la magnitud del crecimiento, en Europa hay un déficit estimado de 60.000 ingenieros (en Alemania han sacado ya una disposición para reclutar 17.000 técnicos y están interesados en los argentinos). Es decir que vamos a invertir en una formación que dará sus frutos en Europa... Esta ‘exportación' no nos reporta nada. ‘‘Esta empresa, Sigma, es un ejemplo de lo que se puede hacer: que nos compren los conocimientos en ingeniería, pero que no se lleven los ingenieros..., que ni siquiera los compran'', dice Scholtus con humor. ‘‘Insisto, es un sacrificio enorme para el país la producción de ingenieros que después nadie paga... Y nosotros estamos en condiciones de exportar ingeniería a países desarrollados. ‘‘Por eso, como universidad, daremos apoyo a los clientes que adquieran estas plantas para operarlas y que necesitan gente especializada en ingeniería de alto nivel, en este caso de automatización y robótica''.S
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